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El cómic es una narración secuencial con textos y dibujos. Para
diferenciarlo de la historieta precisaremos las siguientes características:
el tamaño es medio tabloide, se da preferencia al color, los acabados son
digitales, degradados y con efectos que se logran con el photoshop, aunque algunas
veces se presentan en blanco y negro; la calidad del dibujo es más dinámico,
impactante y llamativo. Mientras que la historieta usualmente es de media carta,
se usa tinta sepia (raras veces es en blanco y negro), por lo que el dibujo tiende
a ser sobrio.
Cabe mencionar que cuando el cómic llegó a México se buscó
un nombre en español para definirlo, y la primera que se encontró
fue ‘historieta’. Actualmente la palabra ‘historieta’
se refiere a lo que se hacía en la época de Kalimán, La
Familia Burrón, el Memín Pinguín, es decir, todos los cómics
de la antigua escuela mexicana. Se llama cómic a lo que se ha producido
a partir de la década de los noventa, más apegado a los estilos
y estructuras estadounidenses.
El cómic surgió en Estados Unidos en el siglo XX gracias a un
periodista ganador del Pullitzer, quien lo ideó para atraer más
lectores. El primer personaje fue Yellow Kid (Niño amarillo), que llegó
a México alrededor de la década de los 20, por una cigarrera llamada
El Buen Tono, que introducía en las cajetillas un papelito con un personaje
llamado Ranilla. Más adelante surgieron otros personajes como El Chupamirto,
y ya en un formato de revista, Don Catarino y Mamerto, entre otros.
Posteriormente, el cómic más conocido sería La Familia
Burrón, de Gabriel Vargas, que contenía historias de barrio. Memín
Pinguín, de Yolanda Vargas, es una variación más dramática
de La Familia Burrón; el Kalimán, de Víctor Fox y Modesto
Vázquez, es la máxima aproximación al género de
superhéroes en México, aunque de hecho es más cercano a
los géneros de aventura y policíaco.
Thelma Camacho, historiadora de la UNAM, habla de la crisis de la historieta:
“En sus inicios era un medio que no tenía la competencia de la
televisión, eran sólo el radio y la historieta, y ahora la mayor
parte del tiempo libre se dedica a la televisión, además de que
la gente lee muy poco. Por otro lado, en una época la historieta buscó
no dirigirse al pueblo, sino a las clases medias; creo que cuando las buscó
perdió a sus lectores”.
En los años recientes las historietas del lejano oriente han sido la
sensación. Las gestas heroicas de personajes de grandes ojos, piernas
largas y mirada cuasi inocente, han encandilado a niños y jóvenes.
El negocio del mercado japonés es redondo: a la par de la historieta
surgen las tarjetas de los personajes, juegos para las tarjetas, CDs, posters,
calcomanías, videojuegos y, en algunos casos, el juguete. La televisión
es la gran aliada en este negocio pues transmite decenas de caricaturas plagadas
de héroes que se transforman en todo y juegan a la filosofía oriental.
Así, la historieta es el gran contrincante para los creadores nacionales,
pues ni las aventuras de los superhéroes estadounidenses opacan el fulgor
de los personajes nipones, aunque hay que reconocer que los dibujos japoneses
tienen valor artístico. Cabe decir que el papel que utilizan es de muy
alta calidad, lo que permite una excelente impresión de las tintas a
color, casi de calidad fotográfica; mientras que la creación de
los personajes, dibujos, tirajes, costos y distribución también
son factores que dejan al resto de los cómics sin posibilidad de competir.